Frente a la preocupante caída en los resultados educativos y el impacto cognitivo de la hiperconexión, diversos países están implementando políticas para alejar las pantallas de las aulas. Desde el Itec 3, analizamos esta tendencia global y su impacto en la formación de nuestros jóvenes.

En las aulas de Misiones y de toda la Argentina, educadores y familias observamos con creciente preocupación el impacto que el consumo desregulado de la tecnología tiene sobre las nuevas generaciones. No se trata solo de una percepción empírica: los datos científicos y las últimas mediciones educativas nos obligan a replantear nuestra relación con las pantallas. Mientras en el Itec 3 apostamos por la tecnología como un motor de desarrollo y producción, a nivel global se consolida una necesidad ineludible: proteger el desarrollo cognitivo de los niños y adolescentes frenando el consumo pasivo de redes sociales durante su horario formativo.
El impacto cognitivo y la alerta en las pruebas educativas
El rendimiento cognitivo de los estudiantes argentinos ha encendido las alarmas tras una reciente investigación que comparó distintas cohortes examinadas entre los años 2013 y 2023. Los resultados revelaron que, al final de este período, los alumnos obtuvieron 3,6 puntos menos de coeficiente intelectual total, mientras que su desempeño verbal sufrió un descenso del 8,4%. Los especialistas que analizaron estos datos advierten que, si bien el fenómeno es multicausal, la tecnología actúa hoy como un distractor primordial que fragmenta y deteriora la capacidad de atención.
A nivel internacional, el último informe de las Pruebas PISA respalda y profundiza esta preocupación. Los estudios demuestran que los estudiantes que dedican entre cinco y siete horas al ocio digital obtienen promedios significativamente más bajos tanto en matemáticas como en lectura. Además, esta exposición prolongada a las pantallas está asociada directamente con indicadores elevados de ansiedad, depresión y somnolencia diurna, factores psicosociales que interfieren de forma directa y negativa en la memoria de trabajo y en el rendimiento académico general.
México marca un precedente histórico en nuestra región
Ante la urgencia de revertir estos indicadores que comprometen el futuro, los gobiernos han comenzado a tomar decisiones contundentes. Un ejemplo cercano y reciente es el de México, cuyo gobierno anunció que, a partir del 3 de noviembre de este año, prohibirá el uso de teléfonos celulares y tabletas en todas las escuelas de educación primaria y secundaria. La medida adoptada es estricta: los dispositivos no se podrán utilizar como herramientas educativas, ni durante el dictado de las clases ni en los períodos de recreo.
Las autoridades educativas mexicanas fundamentaron la decisión señalando que, al utilizar los teléfonos para comunicarse en la escuela, los alumnos dejan de concentrarse en los contenidos que se están impartiendo. Cabe destacar que esta drástica restricción cuenta con un apoyo abrumador por parte de los docentes: el 81% de los maestros consultados en encuestas nacionales se manifestó a favor de regular los celulares en el ámbito escolar.

Europa a la vanguardia: límites estrictos por edades
Del otro lado del Atlántico, el continente europeo ha llevado la discusión un paso más allá, apuntando a regulaciones vinculadas a la edad y al acceso a las plataformas digitales. En la Unión Europea, se ha planteado formalmente que los menores de 13 años no puedan acceder en absoluto a las redes sociales. Para aquellos jóvenes que se encuentren entre los 13 y los 14 años, la normativa propone que solo puedan navegar a través de «minicuentas», las cuales deben ser creadas y supervisadas por un padre o tutor y cuentan con un límite máximo de uso de una hora diaria.
Bajo este esquema propuesto, recién desde los 15 años los adolescentes tendrían permitido administrar una cuenta propia en estas plataformas. Sin embargo, algunos Estados ya han decidido avanzar con marcos normativos propios; tal es el caso de Francia, país que en la actualidad prohíbe el uso de redes sociales a menores de 15 años y restringe el uso de teléfonos celulares dentro de las aulas
Una reflexión institucional para nuestra región
Como institución de educación superior arraigada en Misiones, nos enfrentamos al inmenso desafío de formar profesionales técnicamente preparados para un mundo digital. No obstante, entendemos que la base del pensamiento crítico, la comprensión lectora y la capacidad de análisis profundo se construye indispensablemente en la niñez y la adolescencia. Las redes sociales, diseñadas algorítmicamente para capturar la atención de manera ininterrumpida, están interfiriendo en la etapa más vulnerable y crítica: aquella donde los jóvenes construyen su propia identidad y su perfil cultural.
Restringir o modular el acceso a las redes y a los dispositivos personales en el entorno escolar no representa de ningún modo un retroceso tecnológico, sino una indispensable medida de «ecología mental» para las nuevas generaciones. Significa recuperar las escuelas y las aulas como espacios de socialización genuina y de aprendizaje con propósito.
Desde el Itec 3 sostenemos que la tecnología es y debe ser una herramienta transformadora que potencie las capacidades productivas y creativas de nuestros estudiantes —tal como lo vivimos a diario en nuestro espacio de innovación y desarrollo, el Multilab— y no un obstáculo silencioso que hipoteque el futuro cognitivo de nuestra sociedad.